Hola, soy Adriana.
Una peregrina en un viaje sagrado.
Me llamo Adriana.
A lo largo de mi vida, he vivido experiencias que me han enseñado, poco a poco, que una vida puede albergar más de una verdad a la vez.
Nací tras la muerte de mi padre. A los veintidós años, me quedé viuda cuando mi marido se quitó la vida. Me he enfrentado a muertes inesperadas en diferentes etapas de mi vida.
He vivido la migración, la maternidad en modo de supervivencia, la pérdida y el amor… y la extraña tarea de construir una vida junto a cosas que no se pueden deshacer.
Durante mucho tiempo, pensé que sanar significaría dejar atrás algunas de esas cosas. Pero el pasado no cambia. Nuestras historias permanecen con nosotros. Lo que sí puede cambiar es la forma en que las vemos —y la forma en que nos vemos a nosotros mismos en ellas—. Se trata de un trabajo lento y paciente que se lleva a cabo en el presente, y he llegado a creer que es ahí donde el futuro empieza a cambiar.
Mi fe tiene sus raíces en Jesucristo y es inseparable de mi forma de ver las cosas.
Para mí, la fe no es ni algo abstracto ni una forma de escapar de la complejidad del ser humano. Las Escrituras, en mi opinión, nunca tuvieron la intención de dominar nuestra humanidad, sino de encontrarnos en su seno. Me enseñaron a mirar directamente al sufrimiento sin convertirlo en el centro de todo. Me proporcionaron un lenguaje para el lamento, el misterio, la encarnación y la esperanza, y me revelaron a un Dios que se adentra en la complejidad de la vida humana en lugar de pedirnos que escapemos de ella.
Quizás por eso me siento continuamente atraído por aquellos lugares en los que el lenguaje parece agotarse.
Escribo y cuento historias sobre lo que significa ser humano: las pérdidas que arrastramos, la belleza que pasamos por alto, las relaciones que nos definen, las preguntas que no podemos resolver, la fe que permanece cuando la oscuridad nos rodea, y aquellas partes de nosotros mismos y de nuestras vidas que a veces experimentamos mucho antes de saber cómo nombrarlas.
Me interesa lo que se hace visible cuando aprendemos a mirar de nuevo, sobre todo aquellas cosas intangibles que se nos escapan con tanta facilidad.
No todo se puede arreglar. No todo se puede explicar.
Pero, a veces, una forma diferente de ver las cosas puede cambiar la manera en que vivimos lo que queda.





